La primera víctima de una guerra es la verdad. Esta es una frase que responde a una realidad, la de que los interesados en que las cosas sigan como están se empeñan en dicer que no es para tanto, que hay problemas pero no son tan graves, que las cifras que se dan son exageradas. El paro interesa porque es negocio. Para mantener la canallada del paro es necesario mentir.
Los datos del Servicio Público de Empleo informan que en noviembre 208.885 personas demandaban empleo con disponibilidad limitada en la jornada de trabajo o solicitaban condiciones especiales como que fuera a domicilio o en el Extranjero y 276.292 personas estaban registradas realizando cursos de formación o percibiendo el subsidio agrario.
En total, son 485.177 personas sin empleo que para el Ministerio de Trabajo no son técnicamente parados. De las listas de parados, el Ministerio saca a las demandas especiales de empleo y a los parados que estén realizando cursos de formación o percibiendo el subsidio agrario y... ¡alehop! medio millón menos de parados.
¿Una persona que hace un curso de formación (muchas veces obligados para poder percibir prestaciones) no está en paro? ¿Una persona que busca trabajo pero quiere compatibilizarlo con el cuidado de su madre enferma no está en paro? Los intentos por maquillar la realidad nos hablan de la importancia que tiene la verdad en esta guerra contra el paro. Podemos seguir preguntándonos por los inmigrantes sin papeles que buscan trabajo y no lo encuentran ¿no están en paro?
La primera medida a exigir a cualquier gobierno es que diga la verdad, que haga un informe auténtico sobre la situación de paro y explotación que padecen los trabajadores en Esapaña.