El pasado 20 de abril, el alcalde de Santander entregó la medalla de oro de la ciudad al presidente del Banco Santander Emilio Botín. De esta manera, los representantes del ayuntamiento, premian al banco con motivo de sus 150 años de historia. Como lo hizo en marzo el gobierno de la región.
El alcalde se deshace en elogios hacia el presidente y la entidad que es el séptimo banco del mundo en beneficios. Del mismo modo, Botín atribuye el éxito del banco a clientes y empleados de la entidad.
D. Emilio tiene toda la razón. Ya que los beneficios del banco que preside, es debido a los empleados de la entidad. Que tienen unas condiciones laborales más precarias que años atrás, con peores contratos, salarios más bajos, y condiciones laborales de mayor explotación.
Y los clientes que cada vez tienen más problemas en pagar sus hipotecas, y llegar a fin de mes. Y los beneficios en países del tercer mundo, especialmente iberoamericanos, sangre y sudor de los empobrecidos.
Pero en este homenaje no faltaron ni políticos municipales y regionales, del gobierno y oposición. Muchos de ellos con corbatas rojas (color emblema de la entidad) en honor al homenajeado. Incluso la vicepresidenta Dolores Gorostiaga se acercó a saludar a D. Emilio a pesar que a la misma hora tenia la presentación oficial de la candidatura del PSOE al parlamento de Cantabria.
En actos como éste queda claro a quién sirve la clase política que tenemos, aunque en las próximas elecciones quieran hacernos creer que el objetivo de sus esfuerzos es servir al pueblo.