Sigue la desvergüenza de nuestros dirigentes autonómicos empeñados en demostrarnos que todavía es posible burlarse cada día más del pueblo. Tras su salida de la presidencia de la Generalitat, Pasqual Maragall se quedó con la pensión más alta del país y ahora ha pedido ser nombrado miembro del consejo del consorcio constructor de Airbus. Del catalanismo histérico ahora dice que quiere representar a los españoles en la industria aeronáutica. En los dos sitios se ha forrado, luego ya conocemos la verdadera vocación del sujeto.
De la misma manera, Esperanza Aguirre nos ha deleitado con sus memorias "autorizadas" en las que podemos leer sus quejas por las penurias económicas que pasa. Con el sueldazo que tiene es una auténtica tomadura de pelo oir los lamentos de que no llega a fin de mes y que echa de menos las pagas extraordinarias que recibía en el Senado.
Podríamos seguir con ejemplos como el de Nicolás Redondo Terreros en el País Vasco, que ha entrado en el Consejo de Administración de una gran constructora y va a percibir unos ingresos cienmillonarios.
¿Todavía hay quien cree que existe pluralismo político? ¿Por qué discuten tanto el PP y el PSOE, si en ambos partidos se entra a la política para lo mismo?