Decía el gran escritor británico G. K Chesterton: Al hombre de cada siglo le salva un grupo de hombres que se oponen a sus gustos.
Los gustos predominantes en este primer decenio de siglo vienen determinados en gran medida por el control cultural e informativo de una minoría que ostenta de manera totalitaria el poder político, económico y cultural. Es una minoría que va dejando tras de sí una inmensa cantidad de víctimas humanas, a quienes consideran meros instrumentos para aumentar su poder y riqueza. No hay más que comprobar la ingente multitud de personas condenadas al hambre, al paro y la precariedad, a la esclavitud infantil o a las guerras, para comprobar que esto trágicamente es así.
Estamos de enhorabuena por que en doce municipios de España se ha vuelto a dar el ejemplo de un grupo de personas que se han opuesto a ese dominio del gusto individualista, egocéntrico e insolidario. Un grupo de personas han puesto por encima del interés personal el bien común, un grupo de personas han votado al partido SAIn (Solidaridad y Autogestión Internacionalista) en las elecciones del pasado día veintidós de mayo.
Poner en primer lugar la desaparición de los graves problemas de la humanidad, es un duro golpe para esas estructuras profundamente injustas, que necesitan para sustentarse la ceguera fratricida de una sociedad que se identifique de manera plena con sus intereses ilegítimos, anteponiéndolos al bien de quienes más sufren, de los más débiles y vulnerables.
Esos votantes muy al contrario han comprendido que: o nos salvamos todos o pereceremos todos. Valga el ejemplo de algunas fábricas que cuando cierran en España, dejando en paro a centenares de personas, es para explotar la miseria de los trabajadores en países empobrecidos, quienes se convierten en víctimas de esclavitud. La lucha solidaria junto a ellos, es su única esperanza y la nuestra, como ya lo demostró la historia del movimiento obrero con el internacionalismo.
Enhorabuena porque cada voto al SAIn ha sido un sí a la democracia real que pone al ser humano en el centro de la vida política, especialmente a los últimos de la Tierra; cada voto es esperanza para el mañana.