Solidaridad Nº 136<br>CIES = CARCELES
Póster Nº136<br>CIES
 paro y explotación laboral
19/02/2010

Antonio Algora

Extracto de la entrevista que la revista Vida nueva realiza a Antonio Algora, obispo de Ciudad Real y responsable de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española.

El Gobierno pide ahora una reforma laboral. ¿Qué le parece? ¿Son los trabajadores los responsables de esta crisis económica y financiera?

Cada vez que se habla de reforma laboral, so pretexto de crecer en competitividad y productividad, estamos hablando de avanzar en desregulación del mercado laboral, de avanzar en mayor flexibilidad y precariedad del trabajo, de las relaciones laborales, y con ello, en mayor desprotección del trabajador frente a un sistema que ha reducido a la persona a la función de productor y consumidor. Se sigue incitando a consumir para paliar necesidades que, muchas veces, ha creado el propio sistema. Pero se impide trabajar de manera digna para poder satisfacerlas. Y se da la paradoja de que necesitamos todo eso que se nos ofrece para sentirnos personas, pero no tenemos los medios para lograrlo.

No son los salarios los que han provocado esta crisis. No es una crisis de liquidez. Es una crisis del sistema y una crisis moral, de valores. Hemos pervertido los valores, y de eso también han participado los trabajadores, hemos participado todos con nuestras actitudes vitales, pero no han sido los trabajadores los responsables en el sentido en que creo que formula la pregunta. Esta crisis ha producido un cambio muy sutil: los trabajadores han pasado de ser víctimas a ser culpables. La crisis, nos dicen, se ha producido porque los bancos han concedido hipotecas a pobres desgraciados que ahora no pueden pagarlas. En España, dicen, el déficit del Estado se debe a lo gastado en desempleo, pensiones, educación, sanidad, etc. Por un lado o por otro, los trabajadores siempre aparecen como culpables.

El Gobierno demanda también, y ahora parece que con premura, sacrificios, y habla de retrasar la edad de jubilación. Se habla de que peligran las pensiones… ¿Se ha tardado demasiado en tomar medidas?

En 24 horas ya no es lo que han dicho; ahora lo que está en la calle son las Líneas de actuación en el Mercado laboral para su discusión con los interlocutores sociales en el marco del diálogo social. La pregunta podía ser otra. ¿Son ésas las medidas que hay que tomar? ¿Pretendemos salvar un sistema económico o a las personas? ¿Retrasar la jubilación o precarizar las pensiones resuelve el problema radical de este sistema? ¿Se quiere ir de verdad a la raíz de los problemas o, simplemente, mantener el sistema actual con algún lifting? A veces nos preguntamos cosas que no nos dirigen en la dirección adecuada.

¿Habría que reformar también, consecuentemente, el sistema de pensiones de los diputados y otros altos cargos del Estado?

La OIT, hace ya años, en su 83ª Conferencia, que lanzó el concepto de “trabajo decente”, que después Juan Pablo II, en el año 2000, y Benedicto XVI en su reciente encíclica Caritas in veritate, han retomado. Trabajo decente es el que hace posible una sociedad decente, que es más que una sociedad justa, una sociedad cuyas instituciones no humillan a las personas. La existencia de privilegios injustificados que hace que haya personas en situación de privilegio vital frente a otras, y que esas personas, además, pertenezcan a instituciones cuyo fin primario debe ser servir a las personas, humilla, sin duda, a otras personas en situaciones más precarias. Eso no es una sociedad decente. Eso necesita ser transformado. La política no puede tener sentido más que cuando se plantea como la función de servicio al bien común, y nunca en propio provecho.

La prensa internacional lleva tiempo advirtiendo sobre el delicado estado de la economía y las finanzas de España. ¿Que cabría exigirle al Gobierno para afrontar esta situación?

Los bancos ya tienen beneficios y las grandes empresas han recuperado sus cotizaciones en Bolsa, pero los trabajadores, especialmente los más pobres, siguen atenazados por la angustia. La acción del Gobierno ha sido decisiva poniendo en manos de la banca 160.000 millones para que saneara sus cuentas y facilitara créditos a empresas y familias. La banca ha utilizado ese dinero para comprar deuda pública y otros productos financieros. Algunos cálculos afirman que, por este procedimiento, la banca ha ganado 6.000 millones de euros. En cambio, muchas pequeñas empresas y familias se han hundido por falta de crédito. El desempleo es la cara más dramática de esta situación, porque manifiesta la imposibilidad de hacer frente a la vida. Familias, individuos y jóvenes viven la angustia del desempleo. La tasa de paro de los jóvenes entre 16 y 19 años ha pasado del 24,3% al 56,8% en los hombres, y del 36,7% al 55,6% en las mujeres. Jóvenes sin futuro, que siguen el camino de sus padres como si de una enfermedad genética se tratara, cuando sólo son víctimas del pecado personal y estructural. ¿Es de recibo que cuando se está debatiendo prolongar la vida laboral, retrasando la jubilación, y se habla de recortar salarios, se publique la noticia de que el presidente del BBVA se jubila con 79 millones de euros?…

¿Y a los sindicatos? ¿Qué habría que demandarles?

En realidad, lo que se está planteando, y deseamos que los sindicatos sean conscientes, es una profunda revolución cultural y espiritual. El trabajo decente, poner a la persona en el centro de la economía y del trabajo, implica poner a la persona en el centro de todo, volver a que el hombre, varón y mujer, sea la medida de todas las cosas. Muchas prácticas y burocracias sindicales no quedarían muy bien paradas si las mirásemos desde la centralidad de la persona, lo que nos abre nuevas y profundas perspectivas para construir el sindicalismo del futuro, para entusiasmar a los jóvenes e incluirlos, junto a los precarios, parados y sobrantes, en la tarea de construir una nueva respuesta obrera a una nueva situación de opresión y explotación como la que padecemos.

¿Y a la patronal?

Es difícil tener fuerza moral para hablar de valores cuando millones de familias están hipotecadas de por vida, víctimas de la burbuja financiera; cuando miles de familias están siendo desahuciadas de su vivienda porque no pueden pagar la hipoteca; cuando millones de trabajadores y familias están en paro y otros llegan al suicidio ante las explotadoras e inhumanas condiciones de trabajo. Las empresas del Ibex 35 son responsables de haber perpetrado uno de los mayores cambios de valores de nuestra sociedad: convertir el dinero en generador de dinero, eliminado el trabajo humano y condenando así a millones de familias a la miseria y a la desolación.

¿Y qué es lo que pueden hacer los trabajadores?

Los trabajadores tampoco están al margen de todo esto. Todos somos víctimas de la crisis, pero en la medida en que nos hemos imbuido de los valores de ese sistema dominante, hemos contribuido a ella. A los trabajadores también se les debe pedir la capacidad y el esfuerzo de recobrar valores básicos para humanizar nuestra existencia, y la honradez y la austeridad son dos de ellos, junto con la solidaridad.

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