El trabajo es un derecho y un deber. El trabajo es solidaridad, es expresión de la capacidad humana que permite al hombre una mayor promoción integral y colectiva. Cuando se niega el trabajo a una persona se roba su protagonismo y también la sociedad se ve privada de su aportación. La defensa de la dignidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, exige luchar contra el paro, la miseria y la explotación. En la historia, el movimiento obrero luchó asociadamente por su libertad y por condiciones de trabajo dignas; así se conquistó la jornada de 8 horas. Esa solidaridad sigue siendo imprescindible. El trabajo, que es el único que genera riqueza, debe tener siempre primacía sobre el capital, porque el capital no es otra cosa que trabajo acumulado fruto del esfuerzo de generaciones de trabajadores